El programa de la SER que dio el salto a HBO Max ha recibido múltiples críticas por su pérdida de frescura.
Andreu Buenafuente y Berto Romero. Dos nombres que cuando los mencionas en voz alta se te llena la boca de términos como talento, humor, ritmo e improvisación. El dúo catalán lleva dando alegrías a sus espectadores, oyentes y televidentes, desde hace más de diecisiete años. Pero el tiempo, que todo lo cura, también lo marchita. Es cierto que pese a llevar casi dos décadas diciéndose chorradas el uno al otro, hay algo, su esencia, que se mantiene intacta. No es nada fácil mantenerse en el foco, menos ahora con el incremento de la oferta de contenidos bajo demanda, pero Romero y Buenafuente han conseguido crear una comunidad que les acompaña allá donde vayan. La comunidad del Samanté.

En 2013 comienza en la SER ‘Nadie Sabe Nada’, un programa que empieza como oferta humorística veraniega, pero que rápidamente da el salto a la apreciada temporada regular. Dos payasos, una urna con preguntas de la audiencia y cincuenta y cinco minutos para decir y hacer todo lo que se les pasase por la cabeza. La virtud de dos cómicos que tienen feeling, se conocen muy bien y saben improvisar de una manera extraordinaria. A través de diez temporadas en antena, Berto y Andreu han generado una fidelidad que va más allá de nuestras fronteras. Desde imitaciones, hasta actuaciones musicales, pasando por audios célebres grabados por los propios presentadores, a sus hijos, a sus mujeres o incluso a las ranas que habitan cerca de la casa de Buenafuente. Surrealismo hecho espectáculo. Espectáculo hecho comunidad.

Cuando algo funciona, mejor no tocarlo
Dicen los sabios de esto de la comunicación que si algo funciona, mejor no tocarlo. Desde hace cinco semanas, ‘Nadie Sabe Nada’ ya no se graba en el estudio Toresky de Radio Barcelona. Ya no es una pequeña producción radiofónica llevada a YouTube. Ya no es sentarse e improvisar. El estreno de una versión televisiva del programa en HBO Max ha llevado a Buenafuente, Romero y compañía a fliparse demasiado. Y, como en todas las mudanzas, se han dejado olvidada la caja de la frescura en el estudio que han dejado atrás.
La nueva versión de ‘Nadie Sabe Nada’ ha roto con todas las normas acordadas entre los presentadores y el espectador en las temporadas pasadas. Ha cogido aire a prefabricado y ha reducido los momentos de pura improvisación, el verdadero motor que arrancaba carcajadas espontáneas tanto entre el público presente como entre los espectadores de casa.
‘Nadie Sabe Nada’ no es gracioso por hacer timbradas o competiciones de lanzamiento de huesos de aceituna. ‘Nadie Sabe Nada’ es gracioso por poder llegar a hacer timbradas o competiciones de lanzamiento de huesos de aceituna de manera totalmente improvisada. El espectador disfruta cuando la locura colectiva llega hasta tal punto que Andreu y Berto acaban saliendo a las calles de Barcelona para hacer vete a saber qué.
En el momento en el que estas salidas, estas dinámicas aparentemente improvisadas, se producen porque lo marca un guion, entrando en juego una directora de arte con su correspondiente atrezzo, o un par de operadores de cámara prevenidos y con la acción más que memorizada, se pierde todo atisbo de frescura y se da paso a la vergüenza ajena. El espectador ya no piensa en qué va a pasar, sino que simplemente observa el teatrillo y desea que pase pronto para que vuelvan a sacar papelitos de la urna.

Nueve años causando carcajadas en la SER
Me entristece hablar en estos términos de un programa que he seguido semana a semana desde hace diez temporadas, pero el ansia por mantener los estándares del late night y la televisión de buen ver ha llevado a El Terrat a convertir ‘Nadie Sabe Nada’ en otra cosa. Si bien han tenido el acierto de mantener a Ramón Juncosa, avispado técnico de sonido que se ha integrado como una voz más del formato, el programa olvida poco a poco su know-how de la etapa en la SER.

Si algo está claro es que el equipo del programa sabe que han cometido un error remasterizando el ‘Nadie’. El gran conflicto es que todos estos capítulos llevan grabados desde hace unas cuantas semanas, siendo nulo el margen de maniobra. Así pues, tocará esperar a septiembre para ver si el programa se afianza en sus nuevos pilares o hace una regresión hacia la esencia que lo ha hecho mantenerse en antena más de nueve años. Larga vida al ‘Nadie’ de siempre, el que verdaderamente no sabía nada.